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Alimentación ecológica

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Una dieta sostenible para las personas y el planeta debe tener en cuenta no solo la salud de la persona, sino también la agricultura (el respeto a la tierra), energía (minimizar los residuos y la polución) y la salud de otras personas, las de la propia comunidad y las de otras regiones de la Tierra. Los siete puntos siguientes ofrecen una introducción esencial:

  1. Elegir cereales integrales –no procesados, sin grietas– como alimento básico que represente el 50%-60% (por volumen) de la dieta. Los granos integrales son el alimento más equilibrado nutricionalmente y más fácil de digerir, contienen hidratos de carbonos complejos, proteínas de alta calidad y grasas. Proporcionan las calorías más asimilables por hectárea de terreno entre todos los alimentos: dos adultos pueden alimentarse durante un año con 500 a 1.000 metros cuadrados dedicados al cultivo de cereales. Los granos, aunque han de ser cocinados, no requieren tecnologías que consuman mucha energía como la refrigeración. Normalmente, solo han de ser secados en el campo. Una vez secos, apenas se degradan o estropean y pueden almacenarse en poco espacio.
  2. Como alimento secundario elegir verduras frescas, locales y de temporada. Representarán el 25%-30% de la dieta. Una dieta sostenible no debería incluir grandes cantidades de verduras fuera de temporada, importadas y/o conservadas artificialmente. Enlatar, congelar y refrigerar largo tiempo –aun a pequeña escala en casa– son técnicas que consumen mucha energía y combustibles fósiles, a diferencia de la conservación en despensa, salazón y desecado. Estos últimos métodos mantienen o incluso aumentan (como es el caso de la salazón) el valor nutricional de los alimentos, mientras que otros producen una pérdida de nutrientes.
    La compra de productos locales no solo garantiza que los alimentos sean frescos y nutritivos, sino que también sirve de apoyo a la agricultura local, clave para la estabilidad regional y la cultura sostenible. En Estados Unidos, la producción de alimentos depende del sistema de transportes que es en sí mismo insostenible y, en caso de emergencia, podría dejar desabastecidas a muchas regiones del norte y este del país
    Posiblemente la mejor alternativa es cultivar los propios vegetales. En un espacio muy pequeño puede cultivarse una notable variedad y cantidad de verduras y las partes no utilizadas de las verduras pueden utilizarse como abono para ser reintroducidas en la cadena de alimentación.
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  4. Complementar la dieta de granos y verduras con judías y algas (el 5% de la dieta cada una), pescado y pollo de corral (un 5% de la dieta). Utilizadas en pequeña cantidad, las judías (buenas para acondicionar los suelos) y las algas (cultivadas en aguas limpias) potencian los beneficios nutricionales de una dieta basada en granos.
    La sabiduría de las culturas tradicionales defiende la inclusión de algunos productos de origen animal en la dieta. Si los animales se mueven libremente por el corral, la carne de ave puede ser un complemento de una agricultura sostenible, de pequeña escala y basada en el cultivo de granos y verduras. Las gallinas ayudan a controlar las plagas y su carne y huevos pueden ser saludables si se ingieren en pequeña cantidad. El pescado y otros animales acuáticos, si proviene de aguas limpias y se pesca en pequeñas cantidades (para minimizar el impacto ecológico) o de piscifactorías, puede ser también saludable desde el punto de vista nutricional y las partes no comestibles pueden utilizarse como abono para el jardín.

 

 

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  1. Minimiza el consumo de frutos secos, frutas y zumos de frutas, sobre todo de frutos secos tropicales, frutas y zumos importados. Las frutas y los frutos secos son cultivos muy frágiles y suelen requerir riego artificial y pesticidas cuando son cultivos comerciales. Se estropean fácilmente, por lo que las pérdidas son grandes, aunque se utilicen métodos de ahorro energético en su cultivo.
    Cuando se importan de países tropicales, las frutas y los frutos secos son muy caros de producir por los altos costes energéticos. No ayudamos en modo alguno a la gente de estos países cuando les animamos a producir estos alimentos (y café y otros estimulantes) para satisfacer nuestros extravagantes hábitos alimentarios. El resultado es que estos países deben también importar alimentos caros y nada frescos.
    En cuanto a los zumos, son un despilfarro: se requieren 6-8 manzanas para producir un vaso de zumo de 300 ml. Aunque la pulpa se utilice como abono, beber grandes cantidades de zumo es, desde un punto de vista ecológico, muy poco sostenible.
    En cambio, si tienes un melocotonero que te está dando melocotones, lo sostenible sería comerse los melocotones y ¡no te olvides de compartirlos con los amigos! Desde luego, tus frutas caseras podrían ser desecadas al sol para aumentar su duración más allá de la temporada y se puede hacer zumo con las frutas magulladas o aplastadas.
  2. Eliminar o limitar el consumo de alimentos refinados, incluyendo aceites vegetales. El refinamiento de los alimentos (arroz integral en arroz blanco, semillas en aceite, zanahorias en zumo) es un desperdicio y, en general, requiere del uso de tecnologías que usan combustibles fósiles. Se requiere casi una libra y media de grano de trigo integral para producir una libra de harina de trigo refinada. Se requieren 10 metros de caña de azúcar (y mucho agua) para producir una cucharada grande de azúcar blanca.
    La producción de aceites vegetales requiere mucha energía y una gran extensión de terreno. Es muy fácil consumir en una sola comida la cantidad de aceite de maíz que se extrae de diez panochas. Aparte de que se requiere una gran cantidad de energía para la producción del aceite, si no te gusta la idea de que la mayor parte del maíz y otras semillas se utilizan para alimentar a los animales, deberías evitar el consumo de este tipo de aceites.
    Los alimentos integrales poseen un mayor valor nutricional, por lo que aportan más nutrientes con menos cantidad, un principio básico de la sostenibilidad.
  3. Comprar alimentos a granel en lugar de en pequeños envases. Las cajas, latas, botes y bolsas son, sin excepción, perjudiciales para el medio ambiente aun en el caso de que se reciclen. La adopción de una dieta basada principalmente en granos enteros reduce significativamente la cantidad de cartón, metal, cristal y plástico que acumulamos.
  4. Cocinar en horno de alcohol o gas natural y no en horno eléctrico. En el mejor de los casos los electrodomésticos incrementan la demanda de distribución de energía, es decir, el uso de centrales eléctricas que utilizan materias primas caras. En el peor de los casos, esta demanda extra sirve para justificar la inversión en centrales nucleares.
    ¡Haz que tu comida tenga un buen sabor! Puedes utilizar numerosas hierbas frescas y desecadas, semillas y otros condimentos naturales que te facilitarán la labor. La sostenibilidad no está relacionada con la escasez; se trata de buscar soluciones que sean factibles ahora y en el futuro.
    El viaje hacia la sostenibilidad puede parecer largo pero estos siete pasos nos ayudarán a ponernos en marcha. Si continuamos ignorando los granos probablemente seguiremos perpetuando el problema del hambre. En cambio, si favorecemos el consumo de granos, mejoraremos nuestra salud, la Tierra y la vida de los otros seres vivientes, tanto animales como humanos.

 

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