En este episodio de Biografía de los Místicos viajamos a la Atenas clásica para conocer a Sócrates, una figura única que, sin llamarse místico, vivió como uno de los grandes sabios espirituales de la historia. No hablaba de visiones ni de éxtasis, pero su vida fue una búsqueda constante de la verdad, guiada por una profunda coherencia interior.
Hijo de una comadrona y un escultor, Sócrates aprendió a “dar a luz” ideas a través del diálogo. Descalzo, austero y ajeno a las riquezas, convirtió las plazas de Atenas en su escuela. Su método, la mayéutica, no ofrecía respuestas, sino preguntas que desmontaban certezas y despertaban la conciencia. Para él, la virtud era inseparable del conocimiento, y la ignorancia, la raíz de todo mal.
Combatió como soldado con valentía serena, desafió a los sofistas con ironía y sostuvo que su misión filosófica estaba guiada por su daimonion, una voz interior que le advertía cuándo no debía actuar. Esa dimensión íntima y moral revela su lado más místico.
Acusado de corromper a la juventud y despreciar a los dioses, Sócrates fue condenado a muerte. Rechazó huir y bebió la cicuta sin miedo, convencido de que una vida sin fidelidad a la verdad no merece ser vivida.
Así murió Sócrates, pero nació su inmortalidad: un hombre que transformó la filosofía en un camino ético y dejó una pregunta eterna resonando en la humanidad.
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