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La comparación no surge - OSHO Talks Vol. 11

En el volumen 11 de The Osho Collection el místico contemporáneo comparte una invaluable reflexión sobre uno de los sentimientos que nos causan mayor sufrimiento: los celos. Según Osho: En una dimensión puedes tener talento, en otra dimensión alguien podría tener más talento. Eso simplemente demuestra que la gente es incomparable. Nunca pensé en nadie como inferior; nunca pensé en nadie como superior a mí. Yo soy yo mismo, tú eres tú mismo. La comparación no surge. Sin embargo, todos los niños han sido forzados a competir, a compararse, y naturalmente los celos emergen, porque alguien tiene éxito y tú no tienes éxito. Alguien consigue las cosas que tú no consigues. Oí que: un sacerdote baptista y un rabino vivían enfrente el uno del otro, cruzando la carretera, y entre ellos había siempre una gran competición. Naturalmente, se trata de un conflicto de dos mil años; comenzó con Jesús y no sé con quién va a terminar. Espero que termine con el Papa polaco. Pero, es sólo una esperanza; uno no puede estar seguro de ello. Durante dos mil años han estado en conflicto y esto se ha vuelto más y más personal. Si el sacerdote traía algunas rosas u otras plantas para su jardín, inmediatamente el rabino traía el doble. Un año sucedió que el sacerdote baptista se compró un Lincoln Continental. Eso fue demasiado para el rabino. Y justo cuando estaba de pie en su porche, el sacerdote salió y derramó agua sobre el Lincoln Continental. El rabino le preguntó, “¿Qué haces? Él le respondió, “Lo estoy bautizando, convirtiéndolo en cristiano.” Y el otro dijo, “Vale.” Al día siguiente el rabino se compró un Cadillac limosina – mucho más caro, un seis puertas. Esperó en el porche a que saliera el sacerdote. El sacerdote salió y el rabino entró y sacó algunos instrumentos y comenzó a hacer algo. El sacerdote le preguntó, “¿Qué estas haciendo?” El rabino le contestó, “Lo circunciso.” ¡Estaba cortándole el tubo de escape! Los celos, la competición, te pueden hacer enloquecer. Si tú puedes bautizarlo, él puede circuncidarlo. Estaba convirtiendo en judío a un Cadillac. Y creo que en América el Cadillac es judío, porque cuando le hablé a Sheela de conseguir un Cadillac para la Fundación y el presidente de la Fundación, ella dijo, “No, no entiendes nada: el Cadillac es judío.” Yo contesté, “¡Dios mío! ¿Los coches son también judíos?” Ella dijo, “Sí, el Cadillac es judío, y yo no puedo tener un Cadillac.” Quizás se pueda convertir a los coches.

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