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Los primeros siete años del niño - OSHO Talks Vol. 2

Esta es la cuarta parte de la charla Educar a los hijos, donde Osho desarrolla una tesis fundamental: cualquier forma de ayudar a un niño es errónea. La propia idea de ayudar es incorrecta. El niño necesita amor, no tu ayuda. El niño necesita alimento, apoyo, pero no tu ayuda. El potencial natural del niño, dice Osho, es desconocido, por lo que no hay modo de ayudarle correctamente a que alcance su potencial natural. En realidad, en el nombre de una supuesta ayuda, todo el mundo está interfiriendo en los asuntos de los demás. De acuerdo con Osho, esos primeros siete años son los años en que eres condicionado, llenado con todo tipo de ideas que te perseguirán toda tu vida, que irán distrayéndote de tu potencialidad, que te corromperán, que nunca te permitirán ver claramente. Siempre vendrán como nubes a tus ojos, tornarán todo confuso. Las cosas son claras, muy claras – la existencia es absolutamente clara – pero tus ojos tiene capas y capas de polvo. Y todo ese polvo ha sido dispuesto durante los siete primeros años de tu vida cuando eras inocente, tan confiado, que cualquier cosa que te dijeran lo aceptabas como verdad. Y lo que sea que ha penetrado hasta tus cimientos, más tarde te será muy difícil de hallar: se ha vuelto casi parte de tu sangre, huesos, de tu misma médula. Preguntarás 1000 otras preguntas, pero nunca te cuestionarás sobre la fundación básica de tu creencia. La primera expresión de amor hacia el niño es dejar que sus primeros siete años sean absolutamente inocentes, no condicionados, dejarle durante siete años completamente salvaje, pagano. No debería ser convertido al hinduismo, al mahometanismo, al cristianismo. Quien intenta convertir a un niño no tiene compasión, es cruel: está contaminando el alma misma de un nuevo, recién llegado. Antes inclusive de que el niño se haya hecho preguntas ha sido contestado con filosofías, dogmas e ideologías hechas. Esta es una situación muy extraña. El niño no te ha preguntado sobre Dios, y tú te empeñas en enseñarle acerca de Dios. ¿Por qué tanta impaciencia? ¡Espera! Si el niño algún día muestra interés por Dios y comienza a preguntar sobre Dios, entonces intenta comunicarle no solo tu idea de Dios – porque nadie tiene el monopolio: pon ante él todas las ideas de Dios que han sido presentadas por distintas personas en distintas épocas, por diferentes religiones, culturas, civilizaciones. Pon ante él todas las ideas acerca de Dios, y dile, “puedes elegir entre estas cualquiera que te apetezca. O puedes porquería… Ese día ocurrió una cosa que tengo que contarte, aunque no tiene que ver con lo que estamos hablando – pero debe estar relacionado de alguna manera, sino no sé porqué debería recordarlo. Cuando estábamos transportando los cuerpos después de realizada la autopsia… los pusieron juntos nuevamente y los cubrieron. Uno de los líderes de la ciudad, Shri Nath Batt, había siempre sentido que yo fuera su enemigo, por la simple razón de que era amigo de su hijo y él pensaba que lo estaba corrompiendo – y de alguna manera tenía razón. Por casualidad ocurrió que nos encontramos transportando juntos el cuerpo; yo iba delante, sosteniendo ambos listones del frente de la camilla, y Shri Nath Batt estaba detrás sosteniendo el extremo final de los dos postes. La cabeza del hombre, del hombre muerto, estaba en mi extremo, y las piernas en su final. Acababa de leer en alguna parte que cuando un hombre muere, por supuesto, pierde todo control – también el control sobre la vejiga, de modo que si pones sus cabeza hacia arriba y sus piernas hacia abajo… pensé, “esta es una buena ocasión para ver si la idea es verdadera o no,” así que simplemente levanté los palos…. Y, deberías haber visto lo que ocurrió – porque ese cadáver se meó, y Shri Nath Batt ¡salió corriendo! Y no podíamos persuadirle de que volviera. Decía, “No puedo. ¿Has oído de algún muerto que se mee? ¡Es un fantasma! Le dije, “Tú eres el líder.” Hasta los siete años, si un niño puede permanecer inocente, sin ser corrompido por las ideas de los otros, entonces será imposible apartarle de su crecimiento potencial. Los primeros siete años del niño son los más vulnerables. Y está en manos de los padres, los educadores, los sacerdotes. Cómo rescatar a los hijos de los padres, sacerdotes, maestros, es una cuestión de tan enorme proporción que parece incluso imposible encontrar cómo llevarla a cabo. No es una cuestión de ayudar al niño, es una cuestión de proteger al niño. Si tienes un hijo, protege al hijo de ti mismo. Protege al niño de otros que puedan influir sobre él; al menos hasta los siete años, protégele.

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